La experiencia de la Formación de Maestros de Kundalini Yoga

¡Sat Nam!

Este es el primer mantra que escuché en una clase de Kundalini Yoga. Cuando mi maestra dijo su significado, no logré entenderlo del todo pero supuse que con el paso del tiempo me haría más sentido.

Mi maestra de Yoga, una mujer joven que usaba turbante y ropa blanca; al conocerla pensé que debió haber pasado meses de ayuno en la India, sacrificios terribles, pruebas bajo tormentas de arena y retos imposibles de lograr para llegar a ser maestra.

Conforme fui avanzando en mis clases me pasó por la cabeza la intención de convertirme en maestra, la práctica del Kundalini me tenía enamorada, pero al pensar por todo lo que tuvo que haber pasado ella para lograrlo borré eso de mi mente, yo solo era una alumna más.

Pasaron un par de años para que me diera cuenta que en realidad quería profundizar más en mi práctica, asistir hora y media a la clase ya no me era suficiente. A veces en mi casa hacía algunos ejercicios que aprendí en clase y varias veces me sorprendí hablando sola repitiendo las mismas palabras de mi maestra, como si estuviera dando una clase, mi necesidad de compartir esta experiencia también se estaba haciendo evidente. Y es así como empezó mi búsqueda sin mucha esperanza pues la India era una opción fuera de mi alcance, pero mi intención era tan clara que encontré una escuela en México y a solo  2 cuadras de mi casa: RaMa Formaciones.

Así fue como la idea de ayunos eternos, retos imposibles y sacrificios dolorosos cambió por un espacio donde había gente parecida a mí, con las mismas inquietudes, dudas y conflictos,  incluso con los mismos sueños. Un espacio en donde todo era fácil de entender y aprender, donde la meditación tenía un fin y producía cambios en mi,  donde el “Sat Nam” pasó de la teoría a la práctica, incluso a formar parte de mi nueva personalidad. A través de cada clase, cada enseñanza, cada reto me di cuenta que yo soy la verdad, la verdad es mi identidad y cuando adopto esto en mí, puedo ser la verdad que los demás necesitan.

Tomar la Formación Nivel 1 amplió totalmente mis horizontes, hizo más cercana esta ciencia, me dio las herramientas que necesitaba para, además de tener un certificado y ser maestra, tener la maestría sobre mi cuerpo, mi mente y mi alma.

Hoy soy yo la maestra joven de turbante y ropa blanca que recibe a sus alumnos con un cálido “Sat Nam” y que pretende que así como Yogi Bhajan lo dijo seamos cada vez más maestros que alumnos de Kundalini Yoga.

Nirban Kaur

Generación 2012 – 2013

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