¿Porqué y para qué los conciertos de mantras?

Deva_PremalConocí el yoga a los 12 años cuando mi mamá vio un libro donde una sex-symbol de los años cincuenta, Raquel Welch, mostraba su secreto para mantenerse joven: el yoga. A partir de entonces, mi relación con el yoga y sus enseñanzas ha sido una especie de love affair; lleno de pasión, de experiencias, pero también de decepciones y tristezas. Tengo que confesar que cuando comencé a practicar más seriamente yoga (me levantaba por lo menos cinco días a la semana para hacer sadhana a las 3:30 de la mañana), idealicé terriblemente a todos mis maestros y maestras. Por varios meses coloqué todos los ideales que alguna vez tuve sobre la familia, la comunidad y la sociedad, a este nuevo grupo de personas que conocí. Pero sobre todo, retomé en mi mismo los ideales que alguna vez había tenido y había perdido en el devenir normal de la vida.
La decepción fue rápida, dura y vino tanto de los otros como de mí propio interior. Por una parte dentro del yoga y la meditación hay diferentes corrientes que a veces se desacreditan entre sí -lo cual me sigue pareciendo tan ridículo y chistoso como que diferentes combos reguetoneros (otra tribu urbana súper especializada) digan que son diferentes entre sí. Por otra parte y después de un rato comienza a ser evidente que l@s Maestr@s tienen sus propios procesos, con sus propias dudas, confusiones, interpretaciones y experiencias. Pero quizás lo más duro de todo es darse cuenta que las dificultades para uno mismo no paran; que sigo lleno de defectos, que cometo errores constantemente, que sigo sintiendo dolor.
Mi primera reacción fue criticar y alejarme. Poco a poco dejé de la práctica a un lado; de ir a mis clases semanales, de hacer sadhana, de meditar diario. Hoy en día sigo debatiéndome entre el profundo bienestar que siento cuando hago yoga o medito, y la profunda incomodidad que siento cuando llega el último yogi «recién bautizado» flotando en su aura de santidad (quizás me recuerda a mi cuando empecé a hacer yoga). Afortunadamente, me es inevitable sentir la dicha que da el yoga; la relajación cuando estiro mi cuerpo y siento la energía que fluye desde mis manos hasta mis pies; la paz cuando respiro profundamente y siento a mis pulmones llenarse de oxígeno y descansar; y la gran claridad y rapidez mental con la que trabajo después de meditar. Pero de todas estas sensaciones, ninguna se compara con la que tengo cuando canto un mantra.
Me cuesta trabajo explicar a la gente que no conoce qué es un mantra en qué consiste está música y porqué es tan especial para mí. Cuando la escucho siento una tranquilidad inexplicable, que se mezcla con una especie de anhelo satisfecho. Generalmente me enamoro de un mantra, y puedo escucharlo y cantarlo una y otra vez sin llegar a cansarme. Es como si el tiempo se detuviera y pudiera por unos momentos observar todo con imparcialidad y amor infinitos. La primera vez que escuché la música de mantras fue con Deva Premal y Miten. Aún no tenía idea de qué era el yoga ni de qué era un mantra. Me acuerdo que entré un Mixup de la ciudad para escuchar los nuevos hits del momento. Nunca reparé en qué idioma estaba ni en qué significaban las palabras. Simplemente me gustó la música. Años después escuché a Snatam Kaur y a otros cantantes de 3HO. A pesar de mis vaivenes con el yoga y la meditación, la música nunca dejó de estar a mi lado.
Claro que tengo que aceptar que siempre me ha encantado la música; todo tipo de música. Cuando era más chico me encantaba ir a los conciertos masivos que se organizaban en la plaza del Zócalo. En ellos sentía un gran éxtasis por la emoción de sentir la masa de gente cobrando vida propia, saltando y vibrando al unísono. Y desde que conocí el yoga y los mantras me he preguntado, como se sentirá esa misma masa de gente cantando y vibrando con la intención de conectarse con la paz, con su Dios interno.
Pero cuando me hago esta pregunta, también veo como hay dos situaciones que impiden esto. Por una parte la gente que no practica yoga ni meditación normalmente no tiene interés de ir a un concierto de «música espiritual», sospecho que por flojera o por miedo. Es una lástima, pero honestamente no sé como hablar del tema a gente que lo desconoce sin que suene a algo totalmente raro y distinto a sus experiencias cotidianas. Por otra parte la comunidad de gente que sí practica yoga y meditación está dividida entre sus diferentes bandos y disciplinas. Y esto también es una lástima, porque veo que mientras que los yoguis y yoguinis discuten quién ha entendido mejor su disciplina, el mundo avanza a una situación tremendamente aterradora. Mientras que veo como el fanatismo, la violencia y la ceguera se apodera de las mentes y los corazones de jóvenes, adultos y viejos que están dispuestos a morir matando, no me queda sino solamente rezar, para que todos los que alguna vez hayamos sentido la paz a través de la meditación, la yoga y/o el canto, (aunque solo fuere por unos breves segundos), nos unamos, olvidando por un momento nuestras diferencias, para que la paz trascienda nuestros corazones y nuestras pieles, para que aunque sea por unos segundos, sintamos la tan anhelada paz colectiva, a través del canto, y la meditación con mantras.
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